Aprender de la tragedia

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Mi análisis de lo sucedido, al cumplirse los 10 años de la inundación de 2003, publicado por el diario El Litoral de nuestra ciudad el lunes 29 de Abril.

Quiero compartir desde estas palabras, publicadas en el vespertino local, mi mirada sobre lo sucedido, así como el cambio que hemos conseguido trabajando juntos y la proyección de la Santa Fe del futuro.

Este es un año especial para los santafesinos: se cumplen 10 años de la trágica inundación de 2003, cuando las aguas del Salado avasallaron un tercio de la ciudad colándose por una defensa inconclusa y llevándose consigo los bienes, los recuerdos y muchas vidas. La ciudad colapsó y costó mucho tiempo recuperar la normalidad. De hecho, el proceso de reconstrucción no ha terminado aún. Es imprescindible recordar lo que nos pasó y reflexionar sobre lo que estamos haciendo hoy para construir una ciudad que esté cada día un poco mejor preparada para enfrentar estos eventos desmesurados que nos impone la naturaleza. Recordar, y también recuperar lo que pudimos hacer juntos: superamos las peores dificultades que sufrió la ciudad, con una acción solidaria tan avasallante como el agua del río.

Tanto en 2003, como luego en 2007 cuando por lluvias se volvió a inundar el mismo territorio y las mismas casas, quedó dolorosamente de manifiesto que no estábamos preparados, que “nadie avisaba”, que faltaban obras, que la infraestructura disponible no estaba en condiciones, que no había plan de contingencia, que no se había trabajado en acciones educativas; en definitiva, que el Estado no podía organizar una respuesta adecuada a tamaños desafíos.

Desde 2008 hemos asumido la gestión de riesgos como política de Estado, con el apoyo sostenido de todas las fuerzas políticas que integran el Concejo Municipal, incorporándolo a la planificación urbana y promoviendo la conformación de una cultura de la prevención.

Planificamos mejor la ciudad, contamos con un Plan Urbano y normas que establecen dispositivos obligatorios para retener agua, cinta verde en las veredas, prohibición de construir en ciertas zonas. Estamos trabajando para reubicar familias y asentamientos que estaban en zonas vulnerables. Estamos más organizados, con protocolos internos que se desarrollan desde un centro operativo equipado y un plan de contingencia acordado con vecinos e instituciones que incluye puntos de encuentros y refugios temporales en clubes, vecinales y asociaciones. Tenemos mejor información sobre las amenazas y un sistema de alerta temprana con estaciones meteorológicas en toda la ciudad y radares en convenio con el INTA y las universidades que permiten un monitoreo y evaluación permanentes.

Realizamos acciones educativas para difundir los planes de evacuación y conocer mejor nuestro entorno. Estamos mejorando la gestión de residuos y hemos recuperado y aumentado los espacios verdes de la ciudad y las zonas naturales que amortiguan lluvias e inundaciones, destacando unas 250 hectáreas de lagos y reserva natural en el oeste que cumplen la función de reservorios. Tenemos un plan director de obras para la construcción de troncales de desagües, defensas, reservorios y bombas de extracción. Sabemos que es fundamental, para ello, contar con financiamiento de los gobiernos nacional y provincial. Las obras que establece el INA exceden ampliamente el presupuesto municipal de los santafesinos: por eso, necesitamos del compromiso de las otras jurisdicciones para avanzar con las obras que debemos seguir construyendo, según las prioridades establecidas en dicho plan.

Asumimos, desde 2008, como una responsabilidad indelegable del gobierno local, el destinar fondos para mantener limpio y operable el sistema de drenaje urbano. Cada año hacemos una inversión del propio presupuesto municipal de más de $ 50 millones, sólo para estos fines: limpiar los canales, desobstruir desagües entubados, mantener en correcto funcionamiento las estaciones de bombeo, contar con el equipamiento y los insumos necesarios para actuar ante una emergencia, capacitar al personal, etc. Naciones Unidas nos ha reconocido con la categoría de ciudad modelo en la campaña “Ciudades Resilientes” y otorgó al municipio el premio Sasakawa por haber realizado esfuerzos significativos en la reducción del riesgo de desastres.
No es para cantar victoria, porque queda todavía muchísimo por hacer, pero esos reconocimientos nos alientan y nos dan mucho orgullo. De eso se trata: de estar cada día un poco mejor preparados para que nuestra gente sufra menos cuando la naturaleza nos vuelva a presentar desafíos. Y que, especialmente los más débiles y los más humildes, encuentren en el Estado la organización, el amparo y el cobijo que necesitan.

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